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Por qué las personas musulmanas de Europa se preparan para el periodo en que Francia dirija la presidencia de la UE

Artículo publicado originalmente Shada Islam en The Guardian el 3 de enero de 2022

 

Existe la preocupación de que el divisivo discurso político anti-musulmán del país se filtrará en la formulación institucional de políticas de la Unión. Shada Islam es una comentarista en asuntos de la UE, basada en Bruselas

 

Francia asumirá la presidencia rotatoria de la UE durante los próximos seis meses. Es una oportunidad que el presidente, Emmanuel Macron, sin duda usará para empujar Europa hacia su objetivo de mayor «autonomía estratégica» en el mundo. A algunas personas en Bruselas les preocupan que las disputadas elecciones presidenciales de abril puedan interferir con la presidencia de la UE de Francia antes de que una conferencia clave sobre el futuro de Europa dé resultados. No es tranquilizador que la decisión de Macron de colocar la bandera de la UE temporalmente en el Arco del Triunfo de París ya haya enfurecido a los candidatos conservadores y de extrema derecha.

 

Pero a muchas personas musulmanas europeas les preocupa el periodo en el que Francia ocupará el puesto por otra razón: temen que el discurso político anti-musulmán de Francia que está creando divisiones se filtre peligrosamente en la formulación de políticas de la UE.

 

La campaña electoral francesa significa, esencialmente, que se ha abierto la caza de las personas musulmanas de Francia. Muchos políticos franceses han adoptado una islamofobia desenfrenada como estrategia electoralLos debates tóxicos sobre el islam y las personas musulmanas, combinados con enconados comentarios intersectoriales relacionados con la raza y la migración, son  cada vez más venenosos.

 

De forma alarmante, los ataques contra las personas musulmanas ya no son exclusivos de la candidata anti-inmigración de la extrema derecha Marine Le Pen. Gérald Darmanin, el implacable ministro del Interior de Macron, acusó a Le Pen, durante un reciente debate por televisión, de «haberse ablandado» con el islam. El antiguo experto de televisión Éric Zemmour ha aportado a la carrera presidencial una agenda anti-musulmana aún más dañina mientras que la candidata del partido gaulista Les Républicains, Valérie Pécresse, esté demostrando dureza contra la inmigración, después de haber prohibido que se use el burkini en centros de ocio al aire libre en la región de París.

 

El propio Macron, quien previsiblemente se contentará con la reelección, ya está haciendo que se ejecuten un aluvión de políticas anti-musulmanas, incluido un proyecto de ley supuestamente destinado a prevenir el «separatismo» y el surgimiento de una «contra-sociedad» entre los seis millones de ciudadanos y ciudadanas musulmanas de Francia.  El gobierno de Macron también es objeto de críticas por cerrar el Colectivo Contra la Islamofobia en Francia, un organismo líder contra la discriminación que documenta crímenes de odio contra las personas musulmanas. La Red Europea Contra el Racismo alerta de una verdadera «caza de brujas islamófoba» de personas musulmanas francesas, y denuncia que el gobierno está usando «innumerables procedimientos administrativos» para cerrar organizaciones, mezquitas y escuelas a las que acuden personas musulmanas e incluso cafeterías de su propiedad basándose en afirmaciones no comprobadas de vínculos con la Hermandad Musulmana.

 

Y ahora se teme que Francia use su posición en la Presidencia de la UE para impulsar medidas aún más duras en toda Europa.

 

Es un miedo razonable en un contexto en el que los ministros y ministras de Francia han desafiado a Helena Dalli, Comisaria Europea de Igualdad, por reunirse con miembros de Femyso, una red que también participó en una campaña contra la discriminación del Consejo de Europa  centrada en los hiyabs y que provocó una protesta política en Francia al ser percibida como un ataque a sus «valores».  Con razón, Dalli defendió reunirse con representantes de Femyso para discutir los desafíos de los jóvenes musulmanes europeos como «resultado de los estereotipos, la discriminación y el odio declarado» que padecen. En un ataque a Dalli por esa reunión, Marlène Schiappa, la ministra de Ciudadanía en el gobierno de Macron, dijo que Femyso era una «asociación islamista» que estaba «atacando a Francia» y «filtrándose» en instituciones de la UE, alegaciones que Femyso niega rotundamente y que su presidente, Hande Taner, describe en una declaración como «ridícula».

 

Mientras tanto, una intervención por parte del gobierno francés en la Comisión Europea impulsó un retraso primero, y finalmente la cancelación, supuestamente por razones administrativas, de una financiación prevista de la UE para otro grupo de derechos, Alliance Citoyenne, que ha defendido el derecho de las mujeres musulmanas a nadar en piscinas públicas con burkini.

 

Mis propios informes y artículos sobre Francia y Europa, escritos a lo largo de los años, señalan una inquietud persistente sobre el islam como creencia ajena, las personas musulmanas como extranjeros indeseados y un miedo irracional del hiyab y de los alimentos halal. Las diatribas que mezclan el islam, el extremismo y el terrorismo son un fenómeno fastidiosamente recurrente en encuentros formales e informales.

 

El pánico anti-musulmán de Francia tiene contextos paralelos en otros lugares. En Austria el antiguo canciller Sebastian Kurz denunció el presunto aumento ascensodel llamado islam político tras el lanzamiento de un sitio web muy criticado que se llama «Mapa del islam» y que muestra la ubicación de más de 600 mezquitas. El mapa, según grupos de derechos humanos, ha provocado actos de violencia contra personas musulmanas.

 

La antigua ministra de Inmigración de Dinamarca, Inger Støjberg, acaba de ser condenada a una pena de prisión por ordenar ilegalmente la separación de jóvenes matrimonios solicitantes de asilo de Siria e Irak en los que la mujer tenía menos de 18 años. Haciendo un vínculo implícito entre el islam y la política de refugiados, como a menudo sucede en Europa, Støjberg dijo que quería proteger a las «novias niñas». Y previamente había desencadenado una polémica argumentando que los musulmanes daneses deben ser apartados de los lugares de trabajo durante el mes de ramadán porque el ayuno durante las horas de luz podría ser un riesgo para la seguridad.  Ahora Støjberg ha sido destituida, y aunque puede ser políticamente atípica, es difícil no ver el planteamiento implacable de Dinamarca sobre «la integración» y los refugiados, incluida una ley introducida en junio que permite enviar a los solicitantes de asilo fuera de la UE mientras se tramitan sus expedientes, impulsada, por lo menos en parte, por un miedo de la gente musulmana.

 

El académico austriaco Farid Hafez también plantea dudas preocupantes sobre la motivación del Foro vienés parar contrarrestar la segregación y el extremismo en el contexto de la integración, una conferencia anual lanzada por Austria con el apoyo de Francia y Dinamarca para luchar contra el «islam político» y los llamados «extremismo e islamismo no violentos». Si no una forma de “Macartismo” total, como las define Hafez, tales iniciativas avanzan en la consideración prejuiciosa de que todas las personas musulmanas son una posible amenaza para las sociedades liberales.

 

Antes limitada a los grupos de la extrema derecha de la UE, la fijación de Francia con las personas musulmanas se ha extendido por todo el panorama político europeo; el islam se ve como una amenaza bien a las tradiciones seculares de la nación bien a la idea de una «Europa cristiana». Viktor Orbán de Hungría y sus aliados de la UE han bramado contra el islam durante mucho tiempo, pero la política de silbato de perro para los extremistas anti-musulmanes se está convirtiendo en el patrón estándar para muchos conservadores convencionales de la UE.

 

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Artículo traducido del inglés por Bethany Sullivan en el marco de unas prácticas curriculares realizadas en virtud de un acuerdo de la Fundación Al Fanar para el Conocimiento Árabe y el Máster Universitario en Traducción Profesional de la Universidad de Granada. 

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