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La lucha contra la islamofobia en Cataluña: un reto para la convivencia

Moussa Bourekba*, publicado originalmente en Quaderns de la Mediterrània 33

 

La islamofobia es un fenómeno basado en asignar a las personas una sola identidad, su fe musulmana, cuando la fe solo constituye una de las múltiples pertenencias que pueden conformar nuestra identidad. Aunque hunde sus raíces en largos siglos de historia y tiene un cariz global, la islamofobia ha experimentado un auge durante las últimas décadas en Europa, con motivo de la creciente visibilidad de la inmigración. Así, se han fomentado discursos que atribuyen al islam una serie de problemas, conflictos y situaciones que implican a personas de fe musulmana. En este sentido, es fundamental abordar la islamofobia mediante programas e iniciativas que presenten un enfoque holístico, como es el caso de las II Jornades Gatzara, celebradas en Barcelona del 17 al 21 de mayo de 2022.

El 18 de agosto de 2017, pocas horas después de la terrible masacre que se produjo en las Ramblas barcelonesas y pocas horas antes del atentado en Cambrils, la muy mediática tertuliana Carmen Lomana publicaba una serie de tuits que contrastaban con los mensajes de solidaridad con las víctimas y los llamamientos a la convivencia. El primer tuit decía: «Querría ver una manifestación de musulmanes en contra de los asesinos. ¿Dicen que son cuatro gatos, donde están el resto de los gatos?», mientras que el último concluía: «Cualquier persona que intente justificar lo que está ocurriendo no tiene mi respeto. Ninguna fobia. La única fobia es la de ellos a nosotros». Aquí se asume que, ante un atentado terrorista cometido por personas que se reclaman del islam, es normal que los musulmanes bajen a la calle para condenar los atentados. La pregunta clave aquí es saber si lo tienen que hacer como musulmanes o como ciudadanos; o como ciudadanos de fe musulmana, si es que ambas pertenencias no son mutuamente excluyentes. A partir del día 18 de agosto, desde Barcelona hasta Melilla, pasando por Madrid y Valencia, decenas de entidades musulmanas organizaron concentraciones de repulsa al terrorismo. Además, centenares de personas de fe musulmana se unieron a las numerosas concentraciones dentro y fuera de Cataluña para condenar el terrorismo. No lo hicieron necesariamente como personas musulmanas, sino como miembros de esta sociedad.

Es, precisamente, esta realidad la que uno puede obviar si alude exclusivamente a la fe de una persona para identificarla: le asigna una sola identidad, cuando la fe, como el origen étnico o el lugar de residencia, solo constituye una de las múltiples pertenencias que pueden conformar nuestra identidad. Ya sea consciente o latente, la islamofobia suele considerar que el islam —entendido como religión monolítica— es el principal parámetro que define la identidad de una persona musulmana, que explica su comportamiento y marca sus objetivos de vida (sean personales, profesionales, políticos, etc.). Por tanto, como ilustra el último tuit, la insistencia en la identidad religiosa de una persona permite establecer una dicotomía del nosotros versus ellos sin definir quiénes forman parte de nosotros y quiénes son ellos. En palabras del politólogo Vincent Geisser (2011; 419), la islamofobia es «un modo de pensamiento culturalista y esencialista, que asimila la pertenencia real o imaginaria al islam a una entidad globalizante y totalizante, y que suele recurrir a una argumentación de tipo antirracista y universalista para poner en evidencia el “retraso cultural” del islam y de los musulmanes».

Como vienen señalando diversas instituciones europeas y nacionales, se ha observado un incremento en los discursos islamófobos en Europa, pero también en las discriminaciones, en los delitos de odio y el uso de la violencia contra personas catalogadas como musulmanas. ¿Cómo entender este fenómeno? ¿Y cómo luchar contra él? El presente artículo trata de definir los principales rasgos de la islamofobia para poder caracterizar el fenómeno y poner en evidencia los retos que plantea para la convivencia.

La islamofobia contemporánea: un fenómeno recientemente caracterizado

Lejos de haber sido acuñado por los «integristas iraníes» en los años ochenta para censurar cualquier crítica de la religión musulmana, como sostienen algunos (Fourest y Verner, 2003), el concepto de islamofobia aparece por primera en 1910 (Bravo López, 2010). En aquel momento, un grupo de orientalistas franceses lo usaron para hacer referencia a una forma de hostilidad hacia el islam y los musulmanes en los territorios administrados por el imperio colonial francés. En la época contemporánea, este concepto volvió a surgir en Europa en los años ochenta. No se usa para aludir a la hostilidad contra las poblaciones musulmanas colonizadas, sino para caracterizar un fenómeno de rechazo y hostilidad que afecta específicamente a los musulmanes que viven en el Viejo Continente. En la Gran Bretaña de los años ochenta, varios sociólogos observan el auge del «racismo cultural», es decir, un racismo que identifica a los musulmanes como personas fundamentalmente distintas e inferiores en tanto que no son europeas, no son blancas y tienen otra cultura (Allen, 2010; Modood, 2000; Grosfoguel, 2014). En la década posterior, el think tank británico Runnymede Trust publica dos informes que marcan el reconocimiento de este concepto por actores no musulmanes. El segundo informe enumera una serie de ocho características que permiten identificar un discurso islamófobo (Runnymede Trust, 1997). Entre otras características, aparece la idea de que el islam es un bloque monolítico y estático y una religión inferior (no diferente), y que cualquier discurso en contra de los musulmanes es legítimo. Si bien esta definición no está exenta de críticas, ha marcado una primera etapa en el camino hacia el reconocimiento político de la islamofobia.

Estos primeros avances serán cruciales en el contexto  posterior a los atentados del 11 de septiembre  de 2001. En Europa, diversas iniciativas ven la luz  para hacer un seguimiento de la islamofobia en  pleno auge tras el 11-S (por ejemplo, el European  Monitoring Centre on Racism and Xenophobia,  incorporando la islamofobia como fenómeno a  seguir). En paralelo, la cuestión de la lucha contra  la islamofobia se impone en la agenda política de  la Unión Europea y de varios países europeos (Casa  Árabe, 2007). En este contexto, el Consejo de Europa  avanzó en 2004 una primera definición en la cual  considera que la islamofobia se corresponde con  «una forma de racismo y xenofobia manifestada  a través de la hostilidad, la exclusión, el rechazo y  el odio contra los musulmanes, sobre todo cuando  la población musulmana es una minoría, algo que  ocurre con mayor impacto en países occidentales».  Esta aproximación insiste en los temores y prejuicios  hacia el islam y los musulmanes y subraya que  la islamofobia, además de constituir una amenaza  para la convivencia, puede legitimar actitudes discriminatorias  y violaciones de los derechos humanos  (Ramberg, 2004).  Si bien el concepto de islamofobia es relativamente  reciente, su aparición responde a la necesidad  de caracterizar una serie de fenómenos que incluyen  la hostilidad, los estereotipos y las actitudes  de rechazo y discriminación hacia el islam y/o los  musulmanes. Sin embargo, tanto la complejidad de  los fenómenos que este concepto abarca, como la  diversidad de contextos a los cuales se aplica han ido  generando muchos debates en torno a su definición  y aplicabilidad.

Leer el artículo completo en Quaderns de la Mediterrània 33

 

*Investigador, Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB)

 

 

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