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Amparo Sánchez Rosell: “Una auténtica feminista no ataca a una mujer por vestir como ella quiera”

Ibrahim Rifi*

 

Amparo Sánchez Rosell fue la primera mujer en dirigir un centro islámico en España, el Centro Cultural Islámico de Valencia, y además fue vicepresidenta de la Comisión Islámica de España y fundadora de la ya desaparecida Plataforma Ciudadana Contra la Islamofobia, una de las primeras organizaciones de lucha contra la islamofobia en tiempos en los que para muchas personas este concepto era aún bastante novedoso. Tras muchos años de activismo, Amparo ha concedido una entrevista al Observatorio de la Islamofobia en los Medios en la que analiza el panorama actual de la lucha contra la islamofobia y reflexiona sobre su trayectoria.

 

 

¿Cómo fueron esos inicios de tu labor en la lucha contra la islamofobia?

 

Desde el Centro Cultural Islámico de Valencia llevábamos años trabajando por la cohesión social, pero al ver que la islamofobia iba avanzando muy deprisa, pensamos que había que crear una herramienta específica para trabajar ese problema; y así es como, junto a otras dos entidades, creamos la Plataforma Ciudadana Contra la Islamofobia y comenzamos a trabajar con la sociedad civil y la Administración.

 Al principio, el término era nuevo, era más conocido en Reino Unido pero aquí apenas se escuchaba aunque la islamofobia la venimos sufriendo desde la Edad Media. Los argumentos de la islamofobia son los mismos que se usaron contra los moriscos para legitimar posteriormente su expulsión. El odio no es nuevo, pero la palabra islamofobia sí, por lo que había que explicar qué es.

 

Tú asumiste la presidencia del CCIV en el año 2008 ¿cómo era el panorama de la islamofobia entonces?

 

Hubo un gran revuelo mediático cuando fui nombrada presidenta del CCIV, porque era la primera mujer en dirigir un centro religioso islámico en España.

La migración de países de mayoría musulmana iba en aumento y ese colectivo se veía afectado por muchos problemas como la vivienda, el empleo, etc… Y la islamofobia dificultaba todo mucho más.

Ser español y musumán era entendido como un oxímoron y esto nos afectaba en especial a los musulmanes españoles, a quienes no se nos reconocía como españoles, se nos extranjerizaba y automáticamente se nos consideraba inmigrantes.

La islamofobia cotidiana, esa que no es tan llamativa pero hace mucho daño, iba en aumento. Todos los días estábamos sometidas a presiones. Las mujeres que llevamos el hiyab somos un blanco fácil, objetivo de miradas y de quienes se atreven a ir más allá de las miradas. Una mujer sufre discriminación por el hecho de ser mujer, y la cosa se agrava si es migrante, más aún si es musulmana, y qué decir si encima lleva el hiyab.

 

¿Cómo fue el trabajo de todos esos años de lucha contra la islamofobia?

 

Nos dimos cuenta de que era muy difícil buscar una solución cuando no había conciencia del problema, así que comenzamos a hacer informes que recogían datos y estadísticas con los que buscar posibles soluciones para evitar que en España ocurriese lo que en otros países europeos, donde ya había una problemática muy difícil.

Trabajamos en muchas vertientes; por un lado en la reivindicación de una legislación concreta y, por otro, en la puesta en marcha de la legislación ya existente que no se aplicaba. Abrir una mezquita era una odisea, pese a que teníamos derecho por ley. Se organizaban protestas y se reunían firmas en contra, lo que complicaba tremendamente el proceso. Hay muchos problemas que seguimos arrastrando como el de los cementerios islámicos, la alimentación halal, etc…

También pusimos alguna denuncia contra algún partido político y contra alguna persona concreta. Y luego, desgraciadamente, llegó el tema de los atentados, la vinculación con el terrorismo…

 

¿Cómo ha evolucionado la islamofobia?

 

Hay mayor conciencia y se han elaborado nuevas leyes, aunque en los informes oficiales la islamofobia no consta como fenómeno independiente, sino enmarcado dentro de los delitos por cuestiones religiosas. Ya se va haciendo alguna estadística oficial cuando antes no había ninguna. Todo eso supone una mejora pero aún queda mucho por hacer, no nos engañemos.

 

¿Cómo crees que ha evolucionado la sociedad, concretamente la comunidad musulmana?

 

Mi análisis es bastante positivo. Cada vez hay más jóvenes preparados, con un gran nivel y capacidad para seguir con la labor de concienciación, y también hay muchas asociaciones que están trabajando la islamofobia. Un ejemplo de ello es el Observatorio de la Islamofobia en los Medios, donde trabajan personas musulmanas y no musulmanas, y yo creo que ese es el mejor camino, trabajar juntos independientemente de quienes seamos a favor de los Derechos Humanos y del bien común. También está la Asociación Marroquí que trabaja el tema de la islamofobia en Málaga y han surgido también otros organismos que están realizando muy buen trabajo.

 

¿Cuál es el tema que más te preocupa?

 

Decididamente el odio y el discurso de odio, porque es el que lleva a cometer barbaridades y agresiones físicas muy graves. Y también la islamofobia de género; es inaceptable que a día de hoy se le niegue a una mujer el derecho a la educación o al trabajo por llevar un pañuelo en la cabeza. Me parece aberrante y totalmente inaceptable.

 

En los últimos años han ido surgiendo en el seno del activismo contra la islamofobia voces que distinguen entre quienes tienen el derecho a hablar de islamofobia y quienes no, quitando legitimidad a las personas que no son musulmanas, o a las que son musulmanas pero no son españolas de origen.

 

Es un grave error que va en contra de la unión y la cohesión. Si estamos todos defendiendo los mismos valores y derechos, ¿por qué tenemos que estar divididos? Es absolutamente inaceptable que se discrimine a alguien por su color de piel o por su creencia en la lucha contra la islamofobia.

 

Por otro lado también han surgido algunas voces de mujeres que vienen de entornos musulmanes con un discurso mucho más islamófobo que el que podríamos esperar de ciertos colectivos o grupos o partidos políticos abiertamente islamófobos, y que se están utilizando para legitimar la islamofobia.

 

Las generalizaciones siempre son malas, vengan de donde vengan. Y lo peor es trasladar una vivencia personal a todas las mujeres que lleven hiyab. Yo no dudo que en muchos países y en muchas casas se vivan situaciones de opresión, pero no se puede generalizar. Es verdad que se utiliza la religión para cometer muchas injusticias, pero la solución está en formar, educar y cambiar, no en convertirte en un islamofóbo y dedicarte a atacar a los musulmanes.

Si hay mujeres que llevan el hiyab y quieren dejar de llevarlo habrá que ayudarlas para que no lo lleven, pero no se puede generalizar. Cada mujer es un ser humano que toma sus propias decisiones y lo que hay que hacer es respetarlas, ayudarlas a ser lo que quieran ser. Una auténtica feminista aconsejará a una mujer que estudie, que se forme, o que sea lo que ella quiera ser, alcanzando sus metas y sus objetivos aunque no sean las metas y los objetivos que a ella le gustarían. Esa es la clave.

 

Una parte cada vez más amplia del feminismo se está dedicando a atacar violentamente a mujeres musulmanas que llevan el hiyab por considerar esta prenda un símbolo de opresión, sumisión, atraso, islamismo…

 

Me parece fatal. Han atacado hace poco a Fátima Hamed, diputada autonómica de la Ciudad de Ceuta, una mujer que ha conseguido llegar lejos, que es un referente importante dentro y fuera del colectivo, que además se expresa de maravilla y vale muchísimo… y la han atacado porque lleva hiyab. Y lo ha hecho otra mujer que viene de una familia musulmana. Me parece terrible.

Una auténtica feminista defendería a Fátima, que es el objetivo de unos hombres de una ideología muy concreta que la atacan a diario. Una auténtica feminista debe defender a Fátima, independientemente de que lleve minifalda, pantalón, o un pañuelo en la cabeza. Ninguna mujer debe ser atacada por como viste.

No sé en qué momento el feminismo dio ese giro. Al principio o estábamos unidas o no había nada que hacer. Aquí en España no podías ni siquiera tener una cuenta bancaria, había mucho en lo que trabajar, mucho que defender, pero no estábamos divididas. Me refiero a la última etapa del franquismo, cuando la protesta y el activismo eran verdaderamente peligrosos. Luego algunas empezaron a querer expulsar a los hombres del feminismo… si son hombres que están a favor del feminismo y quieren manifestarse ¿cuál es el problema? y ahí empezaron algunas divisiones internas que yo nunca comprendí.

 

*Ibrahim Rifi es periodista y director de comunicación de la Fundación Al Fanar para el Conocimiento Árabe

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