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Análisis de “Moussa Oukabir, de montar la fiesta de la espuma a terrorista del ISIS”

ARTÍCULO:

“Moussa Oukabir, de montar la fiesta de la espuma a terrorista del ISIS”

En la semana que se ha confirmado que la CIA alertó a los Mossos sobre la posibilidad de un atentado, contamos la vida del menor de los yihadistas.

Es Moussa Oukabir y dos años antes montaba fiestas ‘light’ para magrebíes en una discoteca a pocos metros de Las Ramblas

Javier Negre, El Mundo, 5 de septiembre de 2017.

 

ANÁLISIS:

1. El autor del artículo emplea un titular sensacionalista y denigrante, aspectos presentes en todo el cuerpo del mismo. El tono y contenido del texto no denotan la sensibilidad con la que debería tratarse un atentado desde cualquiera de sus ángulos, y con mayor motivo veinte días después de que se produjeran los atentados de Barcelona y Cambrills.

2. En el contenido se mezclan tendenciosamente fiestas de adolescentes, actos terroristas y numerosos comentarios irrelevantes del autor que solo destacan por su contenido estigmatizador de un colectivo, el de la supuesta juventud magrebí (no sabemos si el autor ha ido pidiendo el pasaporte uno por uno a los chicos y chicas que salen a divertirse), sobre el que se generaliza en términos negativos.

Nuevamente, se mete a diferentes colectivos (magrebíes, árabes, chicos y chicas barceloneses, beréberes, argelinos, marroquíes, tunecinos, libios), en un mismo saco al que se cuelga el sambenito de la irracionalidad y la barbarie, al que se le atribuye la capacidad de pasar de emborracharse y bailar twerking a cometer un asesinato masivo en cuestión de meses.

3. El periodista dedica medio artículo a las fiestas que supuestamente organizó el protagonista entre mayo y junio de 2015, es decir un periodo inferior a dos meses del que ya habrían transcurrido “27 meses”, y todo ello a partir de una publicación de Facebook, el supuesto testimonio de dos personas anónimas (y posiblemente menores) y esta publicidad de una fiesta.

Por otra parte, de ninguna de esas pruebas se deduce que la fiesta estuviera dirigida a  un público “magrebí”.

4. El tono y el lenguaje que se utiliza normalmente para hablar de terrorismo y radicalización es usado aquí, en una desafortunada metáfora, para hablar del relaciones públicas de una discoteca para menores de 18: “Tres meses después de que Moussa en Facebook comenzase a captar menores de edad para reventar de niños la discoteca Rich”, “Su labor de captación en las redes era intensa. Buscaba chavales de entre 14 y 15 años con capacidad de movilizar a gente y residentes en los municipios cercanos a Barcelona.”

5. En el segundo párrafo comienza destacando en negrita: “¿Cómo pudo Moussa pasar de ser uno de los chicos más populares de la comunidad magrebí en Barcelona a convertirse en un soldado de Alá?” Repite “magrebí”, a pesar de que el protagonista nació en Ripoll (Girona) el 13 de octubre de 1999.

Al decir “soldado de Alá” asocia conscientemente el islam con el terrorismo, pudiendo haber usado el término “terrorista”, si procediese jurídicamente. Volvemos a recordar que “Alá” es la traducción de Dios en lengua árabe. Cualquier árabe sea musulmán, cristiano, o judío, se referirá a Dios con ese término, entre otros. También recordamos que referirse o entender el islam como ideología militar es una manifestación de islamofobia.

6. Las afirmaciones o testimonios que fomentan una visión violenta de la juventud magrebí se repiten nuevamente en el artículo: “«La fiesta la cancelaron porque había muchas peleas. Quedaban allí y se pegaban para hacerse los más guais. Los chicos llegaban a la sala bebidos y fumados. Luego ya se fueron a un centro comercial donde quedaban para pegarse», comenta este ex empleado de Moussa.”

7. A pesar de reconocer que el “imán que acababa de aterrizar en Ripoll y de cuya llegada a España advertiría en enero de 2016 la Policía belga a los Mossos”, en el texto se le sigue llamando “iman” hasta en tres ocasiones perpetuando esa asociación entre terror y religión, además de estigmatizar a todos los imanes y por extensión a las mezquitas y a los fieles que las frecuentan.

Veamos una alternativa:

8. Hacia el final del texto, el autor comienza a hablar del “proceso de radicalización” que aparentemente sufrió el protagonista con el único argumento tangible en mano de los mensajes que dejaba en internet: “También manifestaba su odio a la religión católica cuando afirmaba que no viviría nunca en el Vaticano”. No querer vivir en un lugar concreto no significa “odiar” a toda una confesión.

Prosigue con el análisis de las redes sociales (sin incluir enlaces, fuentes o pantallazos): “En su perfil de Facebook, aparte de sentirse muy sensibilizado con la causa palestina y siria, Moussa colgaba vídeos repletos de escenas de violencia contra la policía y subía una foto donde aparece con un fusil subido en una motocicleta.” Sentirse sensibilizado con causas políticas como la palestina o la siria son, según el autor, indicadores de un peligro de radicalización. Desconocemos si, en opinión del autor, relevantes intelectuales como Jean Genet o Goytisolo, que siempre fueron defensores de las causas árabes, serían también ejemplo de radicales. Por otra parte cabe decir, siempre desde la condena, que muchos adolescentes, y no solo adolescentes, cuelgan en las redes sociales vídeos e imágenes que suponen apología de la violencia lo que nos impone a todos la tarea de hacer una reflexión sobre lo que está sucediendo en nuestra sociedad.

 

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