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Los cinco pilares de la islamofobia

 

Artículo de Xavier Ferrer Gallardo publicado originalmente por el diario Público el 2o de diciembre de 2021

 

Uno: los musulmanes no se integran. Dos: el islam es violento. Tres: los hombres musulmanes son amenazadores. Cuatro: el islam odia a las mujeres. Y cinco: el islam es homófobo. Aunque por supuesto la lista podría alargarse, estos serían, digámoslo así, los cinco pilares básicos de la retórica islamófoba al uso.

Tawseef Khan, británico de origen pakistaní, ha estructurado su libro en torno a estos cinco pilares. En clave deconstructiva y desmitificadora (y no exenta de polémica), Khan se agarra a cada uno de ellos para escrutarlos en profundidad. El análisis permite al autor poner al descubierto una larga retahíla de sesgos, estereotipos y prejuicios que, en particular tras la llamada “guerra contra el terror” posterior al 11-S, ha complicado mucho la vida a jóvenes como él -occidentales musulmanes que se han visto obligados a forjar sus identidades híbridas “en un clima de odio, miedo y estigmatización sin precedentes”-.

Khan, abogado especializado en refugiados, ha escrito un relato en primera persona sobre la dificultad que entraña hoy ser musulmán en países como el Reino Unido. Sostiene que las identidades híbridas como la suya solo parecen resultar amenazantes cuando las poseen personas de minorías racializadas y denuncia que, en contraste, “una persona blanca con herencia inmigrante no ve su lealtad constantemente cuestionada”. Para ilustrarlo nos habla del caso del futbolista germano-turco Mesut Özil y de su célebre reflexión de 2018: “soy alemán cuando ganamos pero un inmigrante cuando perdemos”.

La obra pone de relieve cómo la persistencia y revigorización de antiguos mitos sobre el islam ha sido potenciada por la curiosa alianza de marcos mentales de activistas islamófobos (por un lado) y de algunos sectores “ultraconservadores islámicos” (por otro), que se han empeñado- en paralelo- en afianzar y difundir una visión monolítica, osificada y restrictiva del islam, como si fuera la única posible.

Khan recupera un texto clásico del escritor franco-tunecino Albert Memmi, El colonizador y el colonizado, para ilustrar cómo las personas pertenecientes a minorías suelen verse privadas de su individualidad.  Memmi incidía en que cualquier acto cometido por una persona no blanca suele ser tratado como representativo de toda su comunidad, mientras que el mismo acto cometido por una persona blanca solo refleja al individuo en particular. Lo llamaba la “marca del plural”. Khan vincula esta idea con el episodio de violencia sexual acaecido durante la nochevieja de 2015 en Colonia, Alemania, y apunta a un fenómeno recurrente: “cuando los hombres musulmanes actúan mal, su comportamiento es analizado a través del prisma del islam, y utilizado como demostración de las deficiencias de la fe y la cultura islámicas. A los hombres musulmanes se les estereotipa como agresivos, violentos y depredadores, pero cuando los hombres blancos se comportan mal, su agresión o ira rara vez se examina a través de la blanquitud”.

Por otro lado, Khan subraya el prejuicio occidental según el cual el islam es una fe misógina; fomenta la subyugación de las mujeres por los hombres y aprueba solo a las mujeres que son pasivas y mansas. En esta tesitura, recuerda cómo para muchos el velo equivaldría a un “marcador del atraso inherente del islam y de su inferioridad”. En este apartado, Khan torpedea el cliché evocando a pensadoras como Fátima Mernissi, y recordando que “la historia islámica nos proporciona modelos a seguir de mujeres musulmanas que rompen los estereotipos contemporáneos sobre la misoginia y la subyugación”.

 

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