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Daniel Gil Benumeya: “la islamofobia es trasversal a todo el arco político”

Entrevista de Ibrahim Rifi, periodista y director de comunicación de la Fundación Al Fanar.

 

Daniel Gil-Benumeya es profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, coordinador científico del Centro de Estudios del Madrid Islámico perteneciente a la Fundación Cultura Islámica e investigador sobre la cuestión de la islamofobia.

 

Pregunta: ¿Qué entendemos por islamofobia y por islamofobia de izquierdas? ¿Cuál es su especificidad?

 

Respuesta: La definición de la islamofobia se ha discutido mucho sobre todo en qué medida es una forma de racismo, en qué medida es una forma de discriminación religiosa o cómo se combinan ambos conceptos. Yo la entiendo en consonancia con otras definiciones como la del Runnymede Trust que la entiende como una forma de racismo dirigida contra las personas musulmanas o consideradas como tal.

 

Por un lado es una forma de racismo porque racializa a los musulmanes y a las musulmanas al considerar que el hecho de ser musulmán te predispone a actuar de una determinada manera y a tener una serie de determinadas actitudes ante la vida, un poco como funcionaba      la noción de “raza biológica” según la cual a las distintas razas se les atribuyen distintas aptitudes y distintas capacidades.

 

El ejemplo más claro es la idea de radicalización: cuando se habla de protocolos para prevenir la radicalización de jóvenes musulmanes, es porque se considera que esos jóvenes, por el hecho de proceder de entornos islámicos, tienen una predisposición a la violencia y por lo tanto hay que vigilarlos para que no la desarrollen. Y en ese sentido es una forma de racismo.

 

La islamofobia es también racismo en el sentido más clásico porque la inmensa mayoría de los musulmanes del mundo no son blancos, son personas procedentes de la migración, del sur global, y ahí confluyen dos formas de racismo. Y por supuesto, está conectada con otras formas de exclusión como el género, la clase social, etc.

 

La islamofobia es transversal a todo el arco político y, aunque suele asociarse con la derecha y la ultraderecha como el racismo en general, es transversal. El racismo no se expresa solamente a través de discursos y, aunque los discursos explícitamente racistas son más de la derecha o la ultraderecha, sabemos que el racismo es una cuestión institucional y que los discursos son solamente expresión de unas prácticas institucionales. Y las prácticas se dan con independencia del color político de las instituciones. En España un ejemplo claro es la ley de extranjería o el régimen de fronteras aplicados indistintamente por gobiernos de izquierdas o de derechas sin absolutamente ninguna diferencia.

 

Con la islamofobia ocurre prácticamente lo mismo: la parte institucional de la islamofobia, que serían los protocolos “antiterroristas” o securitarios contra la radicalización o la discriminación religiosa, los ejercen también los actores de izquierdas aunque el discurso islamófobo sea más propio de la derecha.

 

P: ¿Cuáles son esas prácticas de partidos u organizaciones de izquierdas que ejercen la islamofobia más allá del discurso?

 

R: Hay una discriminación religiosa visible y clara contra los musulmanes en el terreno práctico. Hay leyes que establecen que las confesiones minoritarias como la islámica tienen derechos equiparables a los de la Iglesia Católica, pero en la práctica es muy difícil enterrarse en cualquier sitio de España siguiendo el ritual islámico. Se ponen muchas trabas para la construcción de mezquitas, en general para el uso del espacio público por parte de musulmanes y musulmanas, la enseñanza de la religión islámica en la escuela y generalmente es la izquierda la que suele poner el grito en el cielo e impedir que esa equiparación se dé.

 

Los protocolos contra la radicalización en la escuela que se pusieron en marcha en Cataluña, como el PRODERAI, no fueron establecidos por gobiernos manifiestamente de derechas. Y además es muy curioso porque en las introducciones de esos protocolos se exponen los motivos por los que luchar contra el racismo y la islamofobia, aunque luego son islamófobos.

 

P: ¿Qué papel juegan los discursos de las personas que se consideran ex-musulmanas en la legitimación de la islamofobia?

 

R: Un papel cada vez más importante. La islamofobia realmente se desarrolla sin esas personas que lo que hacen es refrendar el discurso islamófobo que ya está construido y al que simplemente ponen su sello. Desde que se empezó a construir la islamofobia contemporánea con la política exterior de EE.UU. de los años 90, este tipo de figuras han sido cruciales para legitimar esos discursos. Los legitiman porque ellos y ellas, en la mayoría de los casos, han sido mujeres, aunque también haya habido algunos hombres. Se legitiman porque vienen de allí, de esa cultura y de esa religión que se intenta deslegitimar. Hacen valer su experiencia para refrendar que esos discursos que se están vehiculando sobre los musulmanes no son discursos falsos sino discursos auténticos que ellas han vivido en su casa.

 

Por otro lado, con esa construcción de las mujeres musulmanas como sumisas y prisioneras de su comunidad, las mujeres ex-musulmanas se presentan como las únicas informantes y las únicas interlocutoras válidas porque consideran que nada de lo que digan las mujeres musulmanas puede tomarse en serio ya que o se les está dictando lo que tienen que decir, o bien son cómplices de esa opresión, o son “militantes islamistas” o no tienen voz. Ellas mismas se presentan como las únicas informantes válidas sobre la realidad del islam, y en ese sentido su papel es cada vez más importante como estamos viendo en España donde han surgido este tipo de figuras en los últimos 3 años.

 

P: ¿Cuáles son las características de sus discursos?

 

R: Son discursos que teóricamente parten de la experiencia. Ellas se presentan con un discurso más bien inocente, apolítico, objetivo porque es parte de su experiencia familiar y social.Pero luego su discurso coincide punto por punto con los sentidos comunes islamófobos. Y de hecho, por eso salen en los medios de comunicación. El hecho de hacer coincidir su discurso con lo que la gente espera escuchar de ellas, es la condición necesaria para que se les dé protagonismo y puedan aparecer en la prensa.

 

Los discursos que mantienen refuerzan la idea de que las mujeres musulmanas son mujeres sin voz, prisioneras, y ellas se presentan a sí mismas como liberadas de las comunidades musulmanas. Generalmente tienen un discurso antirreligioso, consideran que la religión es la causa fundamental de todos los males que padecen las mujeres musulmanas. Hay muchas mujeres musulmanas que pueden coincidir en esa crítica al machismo que se vive en sus comunidades o familias, pero no lo atribuyen a la religión sino a determinadas interpretaciones de la religión, a la cultura, a cuestiones sociales en los países de origen, etc. Sin embargo, estas ex-musulmanas lo atribuyen directamente al islam. Es el islam el que determina esa forma de comportamiento y esa forma de estar en el mundo, con lo cual coinciden completamente con esa islamofobia como forma de racialización de los musulmanes.

 

Actualmente estoy investigando todo lo que han escrito esas mujeres y sus discursos, y es curioso como todas ellas, pese a que tienen origen migrante, suelen tener un discurso contra la inmigración. Contribuyen a ese pánico moral o a esa teoría de la conspiración según la cual      hay una conspiración islamista para islamizar Europa. Ellas lo suscriben y me parece muy llamativo.

 

Su discurso, en general, no se diferencia de un discurso islamófobo que pueda hacer una persona que no tenga ninguna relación con el islam, es exactamente igual. Simplemente, lo que hacen es refrendarlo. Es decir, que esto que se está diciendo es verdad porque nosotras somos testigo de ello.

 

P: ¿Qué actitudes y posicionamiento hay en los partidos de izquierda española con el tema de la islamofobia y otros asuntos relacionados con el islam y los musulmanes en España?

 

R: En general creo que hay muy poco interés, y en el racismo y la islamofobia menos todavía. Creo que, salvo los sectores de la sociedad española que padecen racismo directamente, la inmensa mayoría de la sociedad española no considera que el racismo sea un problema social y político importante sino algo anecdótico. Y los partidos políticos también lo consideran      algo anecdótico. El racismo en política, como muchos otros asuntos, solo sirve, o principalmente sirve para marcar la diferencia entre partidos. Todos los partidos de izquierdas incorporan en sus programas electorales o en sus definiciones algún compromiso de lucha contra el racismo, normalmente en una posición secundaria, pero siempre para, de alguna manera, diferenciarse de la derecha y por eso desde la existencia de Vox, esa tendencia ha ido a más, hay más declaraciones formales contra el racismo pero eso no significa que se desarrollen políticas en esa dirección.

 

Hasta hace unos años el único partido que mencionaba la islamofobia en su programa electoral era el PSOE, y luego lo hizo Barcelona En Común. Creo que al tema de la islamofobia se le considera menos importante aún que al racismo y además las iniciativas institucionales no suelen tratar la islamofobia como una forma de racismo sino como una forma de discriminación religiosa. Eso hace que los partidos de izquierda no se interesen por la islamofobia, puesto que en principio están en contra de la religión o de la presencia de la religión en el espacio público, o en cualquier caso a favor de limitarla o de que el Estado no colabore con ella.

 

Quizás, una cierta paradoja de los últimos años, motivada por la entrada de Vox en las instituciones y porque hay un movimiento antirracista más fuerte, sea la incorporación a las listas electorales de personas no blancas con una función bastante simbólica. Y muchas de esas incorporaciones han sido personas musulmanas con hiyab y no tanto por el interés de esas formaciones políticas en la islamofobia, sino porque simbólicamente las mujeres con hiyab son muy visibles y representan una declaración de antirracismo.

 

P: ¿Cuál ha sido la evolución de los partidos de izquierda con respecto al auge de los discursos feministas anti-hiyab? ¿Crees que ha habido un cambio de actitudes, posiciones o prácticas?

 

R: Yo creo que estamos empezando ahora. En España el hiyab no ha sido un tema de debate público como sí lo ha sido en Francia, sino de sectores más concretos del feminismo o de la ultraderecha. Pero, en los últimos años, con el auge de la islamofobia, hay una parte importante del movimiento feminista que está empezando a avanzar en este debate sobre la cuestión del hiyab y su prohibición, y las autoras ex-musulmanas están presionando mucho en ese sentido. Ese debate cala en la izquierda, pero creo que todavía no se han definido muy claramente las posiciones. Con el hiyab pasa un poco como con la ley trans: la cuestión de las personas trans ha generado una división dentro del movimiento feminista y dentro de la izquierda transversal a todas las formaciones. Es decir, que en todas las formaciones hay gente a favor o en contra y creo que lo del hiyab tiene una homología. Creo que la gente que es tránsfoba también tiene tendencia a estar a favor de prohibir el hiyab. Pero creo que es un tema que aún se está definiendo, a diferencia de Francia donde hay posiciones políticas claras y construidas en torno al hiyab que calan a toda la izquierda, porque toda la izquierda debate sobre ello y en su mayor parte es prohibicionista. En el caso español es un debate mucho más incipiente.

 

 

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