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La igualdad de género en el mundo musulmán: se necesita una visión reformista

Asma Lamrabet para el Observatorio de la Islamofobia en los Medios

Es conveniente recordar que la igualdad de género como ideal social está aún lejos de conseguirse en el mundo[1]. La desigualdad – obviamente, en diversos grados –, sigue siendo la norma universal que trasciende todas las culturas, ideologías, religiones y estructuras sociales.

Sin embargo, es importante reconocer que la brecha de la desigualdad de género es más difícil de reducir en las sociedades donde la religión sigue siendo un referencial fundamental – como es el caso de la mayoría de los países arabo-musulmanes. Efectivamente, vemos que en muchos de estos países la tradición religiosa está fuertemente anclada en un patriarcado cultural ancestral. Esto mantiene, e incluso legitima, el autoritarismo y la superioridad de los hombres y, consecuentemente, la sumisión de las mujeres a unas normas que se supone que son del orden de lo sagrado.

La igualdad de género y los derechos de las mujeres simbolizan hoy uno de los puntos sociopolíticos y teológicos más sensibles, complejos y difíciles de afrontar dentro del mundo musulmán. Son ámbitos eminentemente políticos y constituyen el núcleo de todas las demás desigualdades sociales. La discriminación hacia las mujeres simboliza la primera matriz de dominación dentro de la cual se colocan todas las demás formas de desigualdad social. En otras palabras, el patriarcado sigue siendo el fundamento de todas las desigualdades: políticas, económicas y socioculturales; y, por lo tanto, impide el avance de toda la sociedad, hombres y mujeres.

Esta problemática continúa siendo el centro de los debates contemporáneos en el mundo islámico, puesto que cristaliza todas las tensiones actuales que viven esas sociedades, como las libertades individuales, la libertad de conciencia e ideológica, la democracia y los derechos humanos. Al mismo tiempo, esto refleja las profundas transformaciones socioculturales y las transiciones – incluso las rupturas en curso – en las sociedades árabes-musulmanas contemporáneas.

Es importante señalar que esta cuestión sigue estando prisionera de una polarización político-ideológica. Así, por un lado, la visión tradicionalista refractaria a cualquier reforma de la religión; y, por otro lado, la visión llamada «modernista», que rechaza de manera contundente cualquier referencia a la religión. Entre esas dos visiones extremas, la voz de una gran mayoría de mujeres musulmanas es continuamente ocultada y silenciada.

Estas dos visiones opuestas entre sí se presentan como una auténtica barrera para muchas mujeres musulmanas que se encuentran con la dificultad de superar las lecturas estereotipadas. Así, es propicia la división y confusión entre musulmanas al no poder conciliar su deseo legítimo de emancipación y libertad con su necesidad íntima de preservar los lazos identitarios propios de su tradición espiritual.

 

Renovación del pensamiento femenino en el islam

 Sin embargo, y a pesar de todas estas dificultades, va tomando forma un verdadero movimiento del pensamiento femenino en el islam. Se trata de una nueva dinámica que, por supuesto todavía es una minoría, cuya principal innovación reside en el hecho de que las reivindicaciones femeninas están en ruptura tanto con el discurso islámico tradicionalista apologético como con un discurso feminista modernista occidental (mainstream feminism) – que impone un solo modelo de emancipación y que excluye a la mayoría de las mujeres del Sur.

Se trata de una verdadera “tercera vía” que se reapropia formas diversas de emancipación femenina a partir de una relectura femenina, o feminista, y reformista de los textos islámicos. Esta tercera vía puede ser considerada – en las sociedades musulmanas y también dentro de las comunidades musulmanas en Occidente –, como una de las pocas vías que pueden contribuir significativamente a la dinámica de reconciliación entre islam, derechos humanos y los desafíos de una modernidad respetuosa con las diferencias culturales.

La principal característica de esta corriente se encuentra en la disposición de una serie de mujeres del ámbito académico, teológico y del activismo para desarrollar un discurso propio. Y esto es debido a que las mujeres musulmanas están hartas de ser «sujetos y objeto de estudio» y/o «víctimas eternas» del islam. El discurso defendido por esta nueva generación de mujeres musulmanas es un discurso que, paradójicamente a la idea de un islam generador de discriminación, enfatiza la centralidad e importancia de las dinámicas liberadoras dentro de un marco islámico reformista.

En efecto, después de haber tenido acceso a las fuentes textuales, particularmente a la dimensión ética del Corán, esas mujeres han entendido que no es el mensaje espiritual del islam el que está implicado en su reclusión milenaria, sino las interpretaciones teológicas acumuladas durante siglos y promovidas por unos contextos sociopolíticos estructuralmente desfavorables a la presencia de las mujeres en el espacio del poder religioso.

 

Necesidad de una visión reformista de la religión: ¿Por qué y cómo?

¿Por qué? Primero, porque esta religión sigue siendo en la mayoría de los países musulmanes una referencia inevitable. Así pues, el hecho de reformar el pensamiento y las interpretaciones de la tradición islámica es reformar la sociedad en profundidad, lo que, además, contribuye a reenfocar el proceso democrático. Segundo, porque es legítimo buscar, encontrar y proponer alternativas endógenas, desde su específico contexto – es decir, pensar y construir reformas teniendo en cuenta su propia historia, su memoria y sus tradiciones con sus contradicciones y su innegable riqueza intelectual. Pero, por supuesto, eso no excluye la necesidad de quedar abierto a los principios universales y a las contribuciones de las demás experiencias humanas.

¿Cómo? Para iniciar una verdadera reforma de la tradición islámica necesitamos, en primer lugar, distinguir entre dos dimensiones que son inherentes a todas las religiones: la dimensión espiritual y la institucional. Es fundamental diferenciar el mensaje espiritual del islam de ese otro institucional, representado por los teólogos, imames, escuelas jurídicas y sus contingencias sociopolíticas e interpretaciones depositadas a lo largo de la historia de la civilización islámica. En segundo lugar, necesitamos también deconstruir la visión tradicionalista patriarcal y aplicar un nuevo enfoque global que permita reconfigurar los valores fundamentales de justicia, dignidad e igualdad –todos ellos principios básicos del mensaje espiritual del Corán.

Este nuevo enfoque nos revela cómo el sentido inicial y el espíritu del Corán establecen una espiritualidad igualitaria entre mujeres y hombres. El problema es que esta igualdad no se ha reflejado en la producción interpretativa islámica. Esta ha tendido a permanecer sujeta a lecturas dogmáticas y politizadas, institucionalizadas en escuelas jurídicas que desgraciadamente, con el tiempo y la decadencia de la civilización, han paralizado el pensamiento religioso.

Por último, es fundamental que enfaticemos el espíritu del mensaje del islam, que ofrece unas latitudes importantes para la igualdad entre hombres y mujeres. Por ello, una nueva lectura reformista de los textos, así como una reforma de la jurisprudencia islámica – principal fuente de la discriminación y desigualdad hacia las mujeres – es hoy en día absolutamente necesaria.

En conclusión, la reforma del pensamiento y la tradición islámica es una obligación ética y moral. Basándonos en los principios del islam – usurpados por la ideología política – debemos tratar de corregir esta inversión de valores y, así, demostrar que el discurso islámico patriarcal y dominante actual es contrario a la ética que subyace al mensaje espiritual verdadero.

La aportación de una nueva visión del islam en relación con las mujeres a través de una lectura contextualizada será la manera de conseguir la igualdad, el pluralismo, la libertad individual y la justicia como valores e ideales espirituales necesarios en las sociedades islámicas.

 

 

[1] “Ningún país en el mundo logrará la igualdad de género en el año 2030”. Véase: https://www.theguardian.com/global-development/2019/jun/03/not-one-single-country-set-to-achieve-gender-equality-by-2030

 

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