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Islamista, musulmán, moro, árabe… Palabras con significados muy distintos

Publicado por Fernando Lamas Moreno, en Melilla Hoy, el 14 de octubre de 2017.

Estas palabras, que pueden llegar a ser utilizadas incorrectamente tanto a pie de calle como en los medios, tienen connotaciones muy distintas.

Las palabras son la herramienta que las personas tenemos para conceptualizar, clasificar y manejar nuestra realidad, y cuando esas palabras hacen referencia a un tema de tan rabiosa actualidad como el Islam, la precisión se convierte en una responsabilidad. De entre la palabras que generan confusiones o malos usos, quizás las más frecuentes son: musulmán, islamista, islámico, árabe o moro; sin entrar en términos más polémicos o complicados. Cada una de ellas hace referencia a conceptos diferentes, aunque muchas veces se tratan como sinónimos, por ejemplo, un árabe puede no ser musulmán o un musulmán no ser islamista.

Las palabras son la herramienta que las personas tenemos para conceptualizar, clasificar y manejar nuestra realidad, y es por ello que resulta extremadamente importante utilizar la palabra adecuada para cada concepto, de manera precisa, a fin de evitar generalizaciones que nos lleven a error.
Cuando las palabras, además, hacen referencia a un tema de tan rabiosa actualidad como el Islam, la precisión se convierte en una responsabilidad. No es infrecuente -aunque cada vez se da menos- que tanto a pie de calle como en los medios de comunicación se confundan palabras que aluden a conceptos totalmente divergentes entre sí.
De entre estas palabras que generan confusiones o malos usos, quizás las más frecuentes son: musulmán, islamista, islámico, árabe o moro (y eso sin entrar en términos más complicados como podrían ser “salafista”, “takfirí” o “wahhabita”).
Para tratar de aclarar las implicaciones de cada una de las palabras mencionadas, es absolutamente necesario definirlas:

Musulmán: La palabra “Islam” surge de la raíz semítica “s.l.m.”, que significa “sometimiento incondicional a Dios”, por lo que la palabra “musulmán” -que brota de la misma raíz que Islam- significa “aquél que se somete incondicionalmente a Dios”. El musulmán es, por tanto, aquél o aquella que acepta el pacto con Dios en los términos que se explicitan según su religión, el Islam.
Islámico: Este término se utiliza para hacer referencia a todo aquello que esté relacionado con la religión a la que hace referencia: el Islam. De este modo, hay arte islámico, comunidades islámicas o literatura islámica, por ejemplo.
– Árabe: Indica la pertenencia o el origen de una persona, independientemente de la raza o la religión. Un árabe puede ser cristiano o judío, de raza negra o blanca, ya que es árabe todo aquél que nace en los países de habla árabe, que son un total de 22. Aunque se tiende mucho a darle connotaciones raciales -probablemente las tenga- es un término complicado y poco preciso a la hora de hablar de razas. En nuestra zona, por ejemplo, la población no es árabe sino Imazighen (también llamados bereberes).
– Moro: Este término -que proviene del latín y originalmente hacía referencia a los habitantes de Mauritania- era utilizado por los españoles para hacer referencia a todos los que profesaban el Islam, independientemente de su procedencia (incluso en Filipinas). Aunque en un principio no tenía connotaciones negativas -más allá de la consideración de no estar bautizado- en la actualidad ha adquirido un sentido peyorativo y despectivo, y se considera un término poco respetuoso.
Islamista: A pesar de ser palabras que comparten la misma raíz, Islam e islamismo implican cosas diferentes. El islamismo, cuyo partidario o defensor es el islamista, es un movimiento político que propone la adaptación de la realidad política a los principios religiosos del Islam, lo que implica la adopción de la Sharia. Este movimiento es muy heterogéneo, y sus partidarios oscilan entre el activismo reivindicatorio y el integrismo violento.

La importancia de las palabras ¿Estado Islámico o Estado Islamista?

El “monstruo” que lleva acaparando portadas desde la declaración de su Califato particular en Siria e Iraq, conocido como DAESH, se atribuyó la autoridad de alzarse con el nombre de “Estado Islámico de Iraq y el Levante” ante el mundo entero. 1.200 Millones de musulmanes vieron en todo el mundo cómo una organización terrorista se apropiaba del término “islámico” para desarrollar una filosofía muy alejada de la práctica islámica diaria. El autodenominado Estado Islámico, pese a haber tratado de venderse como el faro de los fieles y los puros, no es más que una muestra de un islamismo político radical y extremadamente violento, “creado” para adaptarse a las necesidades nacionalistas de un grupo de personas que nunca han representado a la Comunidad Islámica.

¿Y dónde vemos la importancia de las palabras? En la generación del estereotipo. Si la violencia se apodera del término “islámico”, se favorece la aparición de estereotipos y “atajos” que enlazan el Islam con la aplicación desproporcionada de la violencia. Es por ello que parte de la lucha contra la propaganda de estos grupos radica en respetar la precisión de las palabras, una labor en manos de todos.

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